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Síntesis de la exposición del Dr. Marcos M. Córdoba sobre “El aborto” en la mesa de Oscar Puiggros.

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La sociedad argentina reconoce como integrante de su estándar moral la solidaridad. Significa esto, hacerse cargo de la necesidad de otro.
La solidaridad es un género constituido por dos especies: la espontánea y la exigible. En esta última rigen preferencias en cuanto a su legitimación activa y pasiva.
En el primer orden los integrantes de la familia y entre ellos se prefiere al de mayor vulnerabilidad.
La vulnerabilidad se reconoce como elemento determinante en las diversas ramas del derecho, así el in dubio pro reo, de derecho punitivo, el in dubio pro operario del derecho laboral, el interés superior del niño en el derecho en general.
Niño, por orden legal es quien no haya alcanzado los 18 años de edad y su protección comienza desde la concepción, entre otras muchas normas por las de jerarquía supra-legal contenidas en el artículo 4 de la Convención Americana de Derechos Humanos y la observación realizada por nuestra República a la Convención de los Derechos del Niño, que, en el ámbito interno, resulta obligatoria.
Atendiendo que la ciencia biológica no ha determinado aun de manera unívoca el momento en que se produce la concepción, ya que algunos investigadores consideran que ésta se produce con la penetración del espermatozoide en el óvulo y reconociendo variantes se llega a otra que considera que ello ocurre luego de la octava semana de dicho acontecimiento, queda claro que la falta de precisión no habilita a atribuir las consecuencias jurídicas sin correr el riesgo de desahuciar vidas humanas y por lo tanto los principios protectorios indican no sacrificar a ninguno de quienes se encuentren alcanzados en cualquiera de dichas instancias.
Respecto del otro sujeto de alto interés en la cuestión, es decir, la mujer que no tiene deseo de permitir la continuidad del proceso evolutivo de procreación, debe considerarse que aquello que sería lo abortado posee potencialidad de felicidad, propia y ajena a favor de quienes lo introduzcan en la familia por adopción.
Aun en caso de violación, el aborto no cura su trauma sino que a éste se le agrega el síndrome pos abortivo. La solución de la circunstancia negativa de la madre debe buscarse en la prevención de aquello que la provocó, es decir: en la educación de la mujer. Cuando a pesar de ello se produzca, la función pedagógica de la ley se cumplirá de mejor manera incentivando, a través de la protección, a que las mujeres continúen en el proceso que les corresponde en el desarrollo de su hijo con un sistema de premios.

En la cuestión no debe omitirse que cuando se decide un aborto se están afectando intereses del abortado, de la madre, del padre y de todo aquel que por vínculo familiar resulte alcanzado.

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